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Inicié mi trayectoria empresarial muy joven. Debía de tener unos dieciséis años cuando monté una pequeña fábrica (cinco puestos de trabajo) donde producíamos líquidos de lentillas y otras especialidades farmacéuticas. Cuando cumplí los diecinueve, patenté un modelo de utilidad para ayudar a personas de edad avanzada y discapacitados. Después continué con una empresa de restauración rápida (hot dogs en las discotecas) y organicé algunos eventos deportivos.

Al acabar la primera carrera di una forma más estructurada a mi actividad profesional, y nació Mercaconsult (hace ahora diecinueve años). La primera tarea de envergadura que hice fue reflotar una compañía industrial del sector auxiliar de la automoción que diez años más tarde, después de ir cada semana, vendimos a un gran fabricante de automóviles con una plantilla de quinientas personas.

Esta actividad, que combinaba visión empresarial, dirección de equipos y estrategia de financiación, la repetí varias veces con bastante éxito mientras Mercaconsult crecía y se consolidaba.

Creyendo que podía aportar una cierta experiencia en inversión y gestión de empresas, fundé, junto con otros, una sociedad de capital riesgo (de la que me fui hace un año), y a la vez participé (aún lo hago) en otras sociedades muy dispares: Desde realidad aumentada hasta plataformas de Internet, pasando por espectáculos musicales.

Me parece que debo de haber montado (solo o en compañía) unas catorce empresas, y he participado como inversor en unas cincuentena (que se dice rápido). Ahora, con un poco de perspectiva, creo que puedo afirmar taxativamente que los negocios que funcionan sólo dependen de la gente y, en especial, del CEO. El sector es prácticamente irrelevante y el business plan inicial nunca se cumple.

Esta larga introducción me sirve para explicar mi punto de vista sobre el capital riesgo.

Para quien no sepa exactamente lo que es, le diré que son una serie de personas o empresas que agrupan una parte de su dinero para ponerlo en otras empresas que creen que crecerán mucho.

Pues bien: No soy capaz de encontrar una empresa de capital riesgo que dé dinero de una forma harmonizada; quiero decir que dé dinero fruto de una actividad inversora pautada y no de un golpe de suerte (que también los hay, a veces).

He analizado algunas con detenimiento y he llegado a algunas conclusiones sobre por qué no ganan dinero; aunque lo que diré ahora no pasa todo en todas, sí que muchas sufren los mismos males:

  • 1. Un exceso de frivolidad inversora, aparejada con una inquietud brutal por “hacerse rico enseguida”.
  • 2. Unos costes de gestión terribles y absolutamente injustificados; incluso se da el caso de que algunos gestores de fondos reciben incentivos para colocar el capital.
  • 3. Una visión muy financiera de la jugada, donde se validan Excels de proyecciones que sabemos que no se cumplirán.
  • 4. Un conflicto de intereses entre los gestores y sus negocios “particulares”.
  • 5. Una sangría lenta pero constante de la empresa invertida, con conceptos como “seguimiento de la participada”, que en muchos casos se limita a pedir las cuentas trimestralmente y a sugerir que aumenten ventas y bajen costes.
  • 6. Unos contratos densos y muy penalizadores hacia el emprendedor, que acaba comulgando con ruedas de molino, pero que a la larga separa a las partes.
  • 7. Un desprecio total de las capacidades y las competencias de las personas, al pensar que es sólo el “nombre” lo que garantizará el éxito de un proyecto.
  • 8. Un efecto muy nocivo de la participación pública (coinversión), que prioriza los proyectos que venden de la mano de estas sociedades de inversión (porque formalmente son impecables).

De todos los negocios que he realizado, sólo han ido bien aquellos en los que he estado encima, pero no semanalmente, sino diariamente. Rectificando cuando era necesario, fichando al personal adecuado (aquí sí que he utilizado el consejo experto de la gente de recursos humanos de Mercaconsult), y animando a la gente con el ejemplo y no con la corbata, la cartera o los galones.

El profesor Llopís del IESE hablaba del management by wandering around. Pienso que tenía razón.

Epícteto, un filósofo griego que nació en Hierápolis en el año 55, afirmaba que no hay nada que dé tanto miedo como el propio miedo.

Llevamos cinco años de profunda crisis, en la que el PIB ha caído (según el servicio de estudios del BBVA) 4.1 puntos. Tampoco parece tanto, ¿verdad? Lo que es preocupante es que el consumo privado ha caído, en el mismo período, 6.7 puntos, un 63% más.

La teoría dice que lo que no es consumo es ahorro. Es un algoritmo de suma cero. Así, según parece, la gente está ahorrando como nunca, o bien reduciendo sus posiciones crediticias a marchas forzadas (devolviendo los préstamos que tan felizmente solicitaron en época de vacas gordas).

Este ahorro va a parar a los bancos, como no podía ser de otra manera, que lo remuneran a tasas ridículas y que, a su vez, lo recolocan en el mercado de capitales conjuntamente con los préstamos blandos que les llegan de la Santa Madre Europa a unos tipos más que correctos (los márgenes superan el 200%). En definitiva, parece que la crisis ha afectado a los mismos de siempre, los pobres (aunque durante un tiempo pensaron que no lo eran); paradójicamente, su actitud ahorradora y cumplidora (todo el mundo quiere pagar la hipoteca, aunque no todo el mundo puede) beneficia, de nuevo, a la Banca. Y volvemos a estar donde estábamos... Nos dejaron dinero y ahora nos lo recogen de golpe. El problema no es la pobreza, es haber pensado que no eras pobre y descubrir que lo eres.

Tan grande es nuestro miedo que nos hemos abocado a vivir al día, olvidándonos de todo lo que significa futuro. No pensar en el mañana es muy peligroso, porque significa que no crees en él. Si miramos los datos, vemos que la compra de grandes electrodomésticos ha caído un 25%, la de mobiliario un 40%, la de automóviles un 50%, la de motos un 60% y la de pisos... ¡mucho! Por el contrario, ha aumentado la demanda de los productos del «aquí y ahora»; así, los aparatos de telefonía crecen un 50% y los de imagen y sonido, un 30% (período 2007-2011, estudio BBVA).

Quien controla el miedo, controla al pueblo.

Más datos: He analizado los balances de una de las primeras entidades bancarias del país, el Santader, y los he comparado con una de las más pequeñas, Caixa Guissona. Pues bien, ¡sorpresa! El ratio de morosidad es 3 veces menor en Guissona que en el Santander (deben de tener un mejor sistema informático...) y el de solvencia es 2,5 veces mejor para la leridana. Guissona no ha notado prácticamente la crisis (de hecho, su beneficio ha crecido en estos años un 25%) y el Santander ha sufrido una sacudida importantísima. Con los números en la mano, poner el dinero en Guissona es más seguro que en el Santader, y como accionista es mejor serlo de la de la Terra Ferma que de la de Boadilla del Monte. ¿Entonces? ¿Por qué la gente no lo hace? Fácil: El Santader es un banco sistémico; esto quiere decir que «no lo dejarán caer», porque es básico para el sistema. Pero, ¿qué sistema? El de la oligarquía. El de los caciques. El sistema de la financiación con condonación de la deuda de los partidos políticos. El sistema de «esto para mí y esto para ti». El sistema de «me he equivocado una barbaridad, pero me perdonáis, ¿verdad?» (Rodrigo Rato, Zapatero, De Guindos, Fernández Ordoñez...).

Los bancos se hacen el «chulo» con sus sistemas sofisticadísimos de evaluación del riesgo (exposición de Josep Maria Nin, DG de La Caixa, en Aijec, febrero de 2013) y luego van y pierden una quinta parte de su beneficio operativo en una sola operación (Martinsa-Fadesa).

Y los que no estamos en el sistema, ¿qué podemos hacer? Pues echarnos una mano entre todos, invertir en empresas cuyos promotores conozcamos (no en valores extrañísimos de más allá del océano), contratar a proveedores locales y ayudarlos a mejorar, sumar con los tuyos y los que son como tú. No será fácil sacarnos el miedo del tuétano de los huesos que tan sibilinamente nos han inoculado, pero algo podemos hacer...

Corría el año 1556 cuando un chiquillo de veintinueve años ascendía al trono de las Españas. Adoptaría el nombre de Felipe II y le pusieron el sobrenombre de «el Prudente». ¡Qué vista!

El caso es que el hombre tenía ganas de transcender y le parecía que haciendo grandes obras lo conseguiría, talmente como los que ahora mandan. Sin asomo de pereza, se fue a un banquero alemán, de nombre Jakob Fugger, y le pidió la friolera de 850.000 florines de oro para conseguir, entre otras cosas, comprar el título de Rey del Sacro Imperio Romano Germánico, que no es poca cosa. Todo hay que decir que los títulos, en aquella época, se compraban.

Felipe hizo cuatro números y pensó que si el tinglado de Flandes se consolidaba podría devolver la cantidad solicitada, y que mientras pagaría los intereses con las expoliadísimas colonias de ultramar.

Se ve que el negocio centroeuropeo no salió bien, y ni con la plata de Potosí pudo devolver la deuda. Fue la primera gran quiebra del Estado español (que en aquel momento aún no se llamaba así). También quebró en 1577 y en 1597. Es evidente que el cándido Fugger también se fue a freír espárragos.

Sus sucesores tampoco fueron más avispados (o sí, según se mire) y se llevaron por delante a un montón más de banqueros europeos. Felipe III quebró una vez (1607) y Felipe IV, cuatro (1627, 1647, 1652 y 1662).

Los amantes de las estadísticas podrían llegar aquí a la conclusión de que, si quien gobierna se llama Felipe y el año es número primo, hay un 20% de posibilidades de que el Estado quiebre (son números primos 1597, 1607 y 1627) Así, si la monarquía española no se va al traste y el actual príncipe Felipe llega a ser rey, en el periodo comprendido desde ahora al 2053, el Estado quebrará una vez.

Pero volvamos donde estábamos: Las quiebras.

Hasta catorce veces las arcas del Estado han dicho basta (la última que cuento es el “pase de torero” que hizo Franco a la deuda de la República) y casi siempre han pagado la fiesta los amigos alemanes. No nos extrañe pues que ahora nos miren mal.

¿No trabajaba la gente en estas épocas, en las que el Estado que los acogía rehuía sus obligaciones? ¡Por supuesto que lo hacía! ¡Con ganas! Y, además, pagaban impuestos como tontos (como ahora). Entonces, ¿qué pasó? Pues lo mismo que ahora: Algunos megalómanos querían dejar huella y se lo llevaron todo por delante.

Tampoco son exclusivos de grandes gobernantes, estos disparates a espaldas de los contribuyentes, no os penséis.

Los señores que mandaban (algunos aún lo hacen ahora) en los bancos y cajas también han tenido, históricamente, una fijación por el despilfarro. Si no, que alguien me explique esto: Del 1978 al 1994 se hunden sesenta y dos bancos, entre ellos: Banco Atlántico, Bankunion, Banca Jover, Banca Catalana, Banca Mas Sardà, Banco de Barcelona (fue el primer banco privado del Estado), Banco de Girona, Banco Industrial de Catalunya...

Cuando nos dicen que lo que importa es la medida, dudémoslo. Lo que importa es la gestión. Y si no, que se lo expliquen a los de Caixa de Guissona, que durante la crisis han crecido (un 25% en cinco años), tienen una relación entre depósitos y créditos del 2.15 (el Santander la tiene del 0.85) y su morosidad es del 1.57%, mientras que la media del sector es del 7.61% (casi cinco veces más) y el todopoderoso Santander la tiene del 3.89% (2.5 veces más). ¿Alguien piensa que el éxito de gestión es porque contratan megacracks de las finanzas a un millón de euros/año, o porque tienen un software secreto que les hace el scoring con una precisión milimétrica?

Qué fácil es la economía, y qué complicada es la gestión de la vanidad.

laslanzas

Lo que habéis heredado de vuestros padres, volvedlo a ganar a pulso o no será vuestro (Goethe)

Juan tiene treinta y dos años. Lleva una chaqueta Belstaff, unas gafas Ray-Ban y unos tejanos Helly Hensen que le quedan que ni pintados.

Hoy tiene paddle, a las seis. Juan se mantiene en buena forma. Hace deporte tres o cuatro días por semana. En invierno esquía en la Cerdanya, excepto por alguna escapada a los Alpes. En verano navega por la Costa Brava, y a veces por Mallorca.

Tiene un Mini Special Edition y una T-Max para ir a trabajar. Obviamente es soltero, pero sale con varias. Aún no se ha decidido (o no lo hará nunca).

En casa tienen empresa y él pasa por allí de vez en cuando. De hecho, oficialmente trabaja de 9 a 17 h, pero a veces por el paddle (no siempre hay pista a las seis), a veces por la esquiada en los Alpes y a menudo porque tiene que hacer “encargos” personales, no va.

Tiene un cargo similar al de adjunto a gerencia. Nadie depende directamente de él (afortunadamente) y él tampoco depende de nadie (afortunadamente para el “nadie”). De hecho, es una especie de alma libre. Cuando se le encarga algo concreto (por ejemplo, cobrar el alquiler de alguna de las naves propiedad de la familia), se pone con ganas, aunque siempre acaba yendo Ramón, el hombre de confianza del padre, para acabarlo de arreglar.

Juan come siempre fuera. Con clientes, claro está. Tiene una buena conversación (se nota el colegio de pago), pero tampoco cierra nunca nada. Con alguno planea algún negocio que los hará (más) ricos enseguida. El negocio se extingue tal como salen del restaurante.

También ha intentado dar apoyo a iniciativas de otros utilizando el dinero familiar. Ha realizado las intentonas típicas: Vino, inmuebles, gimnasio, restaurante y motor. Ninguna ha ido bien. Siempre le han engañado usando brujas hechiceras. El padre ha pagado la fiesta gracias al patrimonio que han acumulado. La madre cree que no es culpa del chico, ya que trabaja mucho y es muy listo. Seguro que son las malas compañías...

Ha estudiado en una escuela de negocios de prestigio. Todo en inglés, eso sí. Ha hecho más cafés que horas de clase y ha organizado alguna esquiada con los de la clase que ha acabado como el rosario de la aurora (hay gente que no se sabe comportar).

El director financiero del grupo ha advertido al padre de que la cosa ya no va como antes y que se tendría que intentar reducir el ritmo de los “atípicos” (la última operación inmobiliaria de Juan ha salido muy mal y la deuda aún se está pagando). Cuando Juan se entera, empieza a pensar que su padre se tendría que jubilar y dar paso a gente como él, con nuevas ideas, una formación muy superior y un inglés de champions.

Seguro que entonces todo irá estupendamente.

El padre, secretamente, se compró un piso asistido en Las Acacias y tiene una cuenta en Andorra que le permitirá ir tirando. Y es que una cosa es hacerse el tonto, y otra serlo.

empresa_familiar

«Hola, me llamo José María, soy Master del Mundo Mundial y CEO de la empresa Somospequeños, S.L.», «Hi, my name is Rigoberto, I studied in the most important University in the Univers. I’m CEO, General Manager and President of Board. My company is Asicomonosvessomodeleganes, SL.»

Y así hasta cuatrocientas quince compañías. Cuatrocientos quince proyectos que la Administración pública ha ayudado a montar. De estos, sólo cinco facturan más de dos millones de euros. Doscientos se han hundido antes del tercer año de vida, y el resto malviven. Eso sí, cuatrocientos quince CEO supertitulados.

No, no lo estamos haciendo bien.

No vale la pena dar apoyo a aventuras en solitario, porque el resultado obtenido es el de una microempresa que con penas y trabajos da de comer al fundador y a un par más.

Hemos dado tanta importancia al proceso emprendedor que ahora quién le explica al fundador de una pequeña empresa, y que se autodenomina CEO, que lo que ha creado, si no se une a otro y se queda él en minoría, no tiene muchas posibilidades de salir adelante.

No, no tenemos un problema de dinero para las start-ups. Ni de locales (que, por cierto, sobran). Ni de incubadoras. Ni de aceleradoras. No. Tenemos un problema de gestión de vanidades. Alguien le tiene que decir al fundador que ni es tan brillante, ni lo que tiene es único e inimitable (y por lo tanto no vale un millón de euros). Alguien le tiene que decir al fundador que se olvide de ir mendigando dinero por fórums con un mensaje caduco. Alguien le tiene que decir al fundador que busque empresas con las que pueda tener sinergias comerciales y tecnológicas, y que intente llegar a acuerdos de fusión. Alguien le tiene que decir que hay que ser generoso, creativo y no pensar que los que le rodean son inferiores a él, ¡oh gran CEO de la empresa de base tecnológica!

Una empresa, para salir adelante, tiene que contar con un mínimo de diez personas. ¿Y por qué diez? —nos preguntaremos. Hagamos números: Un gestor de miserias (ex-CEO), un comercial, un administrativo-contable, cinco personas que trabajan (y que facturan), una persona en I+D+i, y una persona en el mercado exterior.

Si nos movemos en cifras de personal más bajas, descuidamos el mercado exterior y la I+D+i (porque son los últimos puestos que se han creado). Si la empresa ya es sólo de tres cuartos, tenemos un gerente que hace como aquel extremo de futbol que centra el córner y corre al área a rematar. Y, claro, no llega a tiempo.

Si la tasa “natural” de creación de empresas de un país como el nuestro no llega al 10% (según el GEM), ¿qué haremos con este excedente de falsos emprendedores que se ha creado en los últimos tiempos? (dicen, ahora, que un 25% de la gente quiere emprender). Y es que estar en el paro no viste nada, pero ser CEO de una microempresa que no vende nada, pero que tiene muchos proyectos, está muy bien visto.

Start-Up

Llamadme optimista si queréis, pero veo cosas francamente interesantes que pueden suponer un cambio de tendencia si somos capaces de aprovecharlas.

Vayamos por partes.

La crisis nos ha puesto (o nos está poniendo) a todos en su sitio. El nuestro no es un país puntero en I+D+i. No lo ha sido nunca y, al paso que vamos, no creo que lo sea. Pero esto no es malo, ni de lejos. Tenemos que pensar que la inmensa mayoría de la inversión en I+D+i fracasa, y por lo tanto se malgastan muchos recursos con este ensayo y error. Lo importante no es descubrir algo, sino aplicar este descubrimiento.

Hay países mucho más potentes que nosotros investigando, sacando nuevas aplicaciones..., pero también dilapidando enormes presupuestos en investigación. No hay que hacer tanta investigación básica en un mundo globalizado, podemos hacer investigación aplicada, es decir, industrializable en un corto plazo. Si no investigamos sobre células madre, pero lo hacen en EUA, Alemania o Israel y encuentran alguna cosa útil, nos podremos beneficiar igualmente, porque seguro que nos lo intentarán vender, y seguramente serán capaces de producirlo a buen precio, porque si no no lo venderán a la inmensa mayor parte de la población mundial, que está mucho peor que nosotros (recordemos que todavía estamos en la banda alta de PIB por cápita en la lista de los casi doscientos países que hay en el mundo).

Hablemos ahora de producción industrial, la que ocupa a gente.

En estos momentos hay cuatro hechos que pueden ayudar a recuperar la industria:

1. Un agotamiento del modelo chino en lo que se refiere a la calidad de los productos. La primera reacción cuando hay crisis es continuar consumiendo, pero hacerlo con productos más baratos. Aquí, los chinos han arrasado. Venden fruslerías baratas y los bazares se llenan. La gente se resiste a dejar de consumir, pero el bolsillo está apurado. Pasado este tiempo de locura y no reconocimiento del nuevo estatus, la gente tenderá a disminuir las cosas compradas, pero a exigir mejor calidad (durabilidad). Pensad en nuestros abuelos: Tenían un solo vestido, pero hecho a medida y por un sastre; un solo reloj, pero bueno (dentro de lo que cabe); unos zapatos (los de los domingos) de piel buena y suela de cuero. Tenían poco dinero, pero lo administraban optando más por la calidad que por la cantidad; comían asado los domingos, pero sabía a pollo de granja...

2. El encarecimiento del coste de la energía: Traer una cosa que vale diez céntimos de la otra punta del mundo no es una buena idea. Es totalmente absurdo, si nos lo miramos bien. Y, además, eso que se trae de tan lejos no dura ni un mes y tampoco sirve para casi nada, a parte de para satisfacer la adicción a las compras que muchos todavía tienen.

3. El coste del capital es prácticamente cero en nuestro país. No, no me refiero al coste del dinero, sino a lo que se puede hacer con éste. Me explicaré: Las dos grandes inversiones para una industria son las naves y la maquinaria. Ahora, hay muchísimas naves vacías. Por lo tanto, el coste de alquiler es el que buenamente estés dispuesto a pagar como inquilino. Fábricas que han cerrado hay un montón, y por lo tanto maquinaria usada hay tanta como quieras (¡estoy seguro de que más de un 20% no se llegó a arrancar nunca!). ¿A qué precio? ¡A cualquiera! Todo lo que les des es beneficio, porque la pérdida la hicieron cuando las compraron, no ahora que las venden.

4. Tenemos seis millones de parados. Antes, ser mileurista era un insulto; ahora es un lujo. Una consultoría internacional está fichando ingenieros informáticos a sueldos de entre quince mil y diecinueve mil euros al año. ¡Y tienen cola de solicitudes!

Llamadme romántico o equivocado, pero creo que podríamos volver a arrancar las fábricas y seríamos muy competitivos...

fondo_investigacion

VHS, Spectrum, Atari, MoviLine, miniDisc. Palabras que marcaron una época para la gente nacida en los 70. Palabras propias del día a día de los 80. Todo el mundo sabía lo que significaban y nadie creía que morirían.

Iphone V, Facebook, Angry Birds, Android. Palabras que todo el mundo sabía lo que significan y que poca gente piensa que morirán.

Los niños distinguen un GTX de un GTI. Saben lo que es el cambio secuencial. Conocen la alineación del Barça del derecho y del revés y la fecha de nacimiento de todos y cada uno de sus jugadores. Saben quién es Justin Biber y Lady Gaga. Los adultos conocen al protagonista de 'El mentalista' y los más letrados el nombre del nuevo amigo de Belén Esteban. Las mujeres idolatran a Grey y buscan aquello perdieron hace tiempo o que quizás nunca tuvieron. Mario Benedetti tiene nombre de futbolista italiano y sus libros se venden en el Rastro a medio euro el ejemplar.

Los curas pasaron de inspirar temor a ser ignorados y ahora hay quien los ve como folclore, como una rara avis a punto de desaparecer.

Mario Conde ha escrito un libro que se titula 'Memorias de un preso', cuando a la gente lo que le interesa es cómo se hizo escandalosamente millonario (aunque también da morbo saber cómo se lo pasó en prisión).

'Caerse del Guindo' significa darse cuenta de algo obvio, pero demasiado tarde. El Ministro de Economía se llama así. Rajoy debe de venir de 'rajar, descuartizar, partir, abrir en canal'.

Y cuando voy con mis hijos por el bosque, no sé cuáles son los frutos comestibles. No sé cómo es la planta de los arándanos o cómo es un higróforo fuera del bote. Ellos no saben lo que es un chopo o el muérdago. Un pájaro nos sobrevuela. ¿Es un petirrojo, un herrerillo capuchino o un arrendajo? Es simplemente un pájaro.

Para comer habrá pescado. Merluza, rape o sardina. Pero seguro que no hay lampuga, golondro o mújol.

Miro al cielo. Es azul con manchas blancas. Azul. Ni oscuro, ni claro, ni con ningún matiz. Del blanco no diremos nada. Es blanco, blanco. El Iphone V me dice que no lloverá y salgo de casa tranquilo.

Nos apresuramos a aprender cosas que cambiarán y nos olvidamos de aprender aquello que nos sobrevivirá. Sic transit gloria mundi.

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El pasado martes, en la sede del Tecnocampus (UPF), impartí una ponencia que tenía como título el mismo que este artículo. La sala estaba bastante llena, a pesar de que jugaba el Barça. La gente venía a buscar respuestas-milagro a la situación de crisis del país. Las expectativas eran altas, y había que ponerse en serio.

Las primeras diapositivas daban datos, porque a veces hay que mirar lo que ya se ha caminado para saber hacia donde hay que ir:

  • • El 23 de abril de 1976, en plena crisis económica (la del petróleo), se funda el diario Avui, gracias a la aportación de 35.000 partícipes. En la portada: «Veinte mil obreros del metal en huelga»...
  • • En 1977 cierra Ossa, en 1980 Bultaco, en 1983 Montesa y en 1984 Sanglas. Es el momento en el que Ángel Nieto gana mundiales (12+1) para Derbi y la Variant es la moto del momento entre la juventud.
  • • Seat se vende en 1986 (crisis de finales de los 80) y Volkswagen deja atrás a FIAT, amplía planté y instala la fábrica más moderna de Europa en Martorell.
  • • Fecsa se vende en 1987, en una situación financiera incomprensible, a una empresa que tiene el monopolio. En el mismo momento, Catalana de Gas absorbe Gas Madrid, y nace Gas Natural.
  • • Un señor llamado José Manuel Lara funda la editorial que llevará su nombre. Al cabo de poco, la empresa hace suspensión de pagos. De la liquidación se beneficiará Plaza&Janés y, finalmente, Bertelsmann. El fundador de Editorial Lara lo vuelve a intentar y funda Planeta, que ahora proporciona trabajo a 5.000 empleados.
  • • De 1978 a 1994 se hunden sesenta y dos bancos, entre ellos: Banco Antlántico, Bankunion, Banca Jover, Banca Catalana, Banca Mas Sardà, Banc de Barcelona (fue el primer banco privado del Estado), Banc de Girona, Banc Industrial de Catalunya... Mientras tanto, en Sabadell, el señor Oliu (padre) propone abrir sucursales del banco (¡Ochenta y un años después de la fundación del Banc Sabadell!).
  • • En Terrassa, en plena tormenta, los hermanos Lao crean Cirsa (1978), después de ganarse la vida como buenamente pudieron (llegan a Cataluña con lo que llevaban puesto en el año 1956).
  • • La actual crisis del tocho se ha repetido veinte veces en los últimos ciento veinte años (estudio del doctor Oriol Amat).

En fin, sí que es cierto que estamos mal, ¡pero lo más curioso es que no todo el mundo lo está! Incluso en nuestro país, quizás nuestro vecino se está ganando bien la vida, ¡quién sabe si mejor que nunca!

Cuando la ansiedad nos deje pensar en lo que el mercado necesita, cuando robemos el tiempo a las banalidades y lo empleemos en trabajar, cuando recuperemos la ilusión y motivemos a los que nos rodean, entonces saldremos adelante.

Yo, por si acaso, aprovecho para trabajar...

 
avui1976
 

En esta ocasión, en vez de uno de mis artículos habituales, he decidido reproducir en el blog el correo de un amigo mío sobre un tema que ahora ocupa las noticias de actualidad: El bosón de Higgs. El enlace que os pongo es una de las diversas noticias que hay; en una búsqueda rápida en Google encontraréis más y más variada información sobre el tema, bajo títulos tan marquetinianos como “el bosón de Higgs en nueve claves” o “la guía para entender el bosón de Higgs”, que seguro consiguen que los científicos se lleven las manos a la cabeza.

Aquí tenéis el mail, escrito por mi amigo Eduard desde el CERN.

«Hola,

Os escribo desde el CERN, a donde como cada verano he emigrado para trabajar unas semanas, pero este verano es más emocionante que nunca. Ya habéis leído las noticias del 4 de julio. Escribo (en bcc, como se aconseja) a unos cuantos familiares y otros compañeros para transmitir lo que pensamos los científicos sobre el tema. Escribo a quien pienso que le puede interesar.

¿Qué ha pasado? El modelo que tenemos para describir las partículas elementales y sus interacciones es consistente en presencia de un mecanismo que indica que algún tipo de física tiene que aparecer a altas energías. La manifestación más simple sería una nueva partícula que llamamos bosón de Higgs; de hecho, a menudo la llamamos simplemente “Higgs”. El mecanismo fue propuesto en el año 1964 por Peter Higgs, pero también por unos cuantos físicos más, aunque ha quedado sólo el nombre de Higgs. Se dice que la paciencia es la madre de la ciencia, y efectivamente hemos tenido que dar muchos pasos previos hasta llegar al 2012, donde se puede decir alguna cosa cierta sobre el problema. ¡Cuarenta y ocho años de paciencia, pues! Y de trabajo: Estos años han estado dedicados a muchos estudios teóricos, experimentales y técnicos. Yo le he dedicado una parte de mi tiempo, sobretodo hacia los años 80. 

Lo que se ha encontrado es una señal, que consiste en un suceso entre billones (literalmente, encontrar una aguja en un pajar), que es consistente con el Higgs. Quiere decir que podría ser el Higgs. Saber si lo es o no lo es realmente tiene que esperar a más estadística, quiere decir doblar o triplicar la paja del pajar para encontrar dos o tres agujas. Las perspectivas son buenas: Si no fuese el Higgs, entonces sería alguna cosa inesperada, y eso aún haría más emocionante el tema; también puede ser un Higgs camuflado, o quizás con propiedades especiales. Nos gustará saberlo, y por eso debemos continuar con este experimento.

¿Partícula de Dios? Es una exageración que a la prensa le gusta, indicaría que hemos llegado al final y lo entendemos todo. El mecanismo del que hablaba antes estaría asociado a la masa de todas las otras partículas, efectivamente, y esto es muy interesante. Pero estamos convencidos de que la historia no se acaba aquí: El Higgs no será el final, sino más bien un inicio, la puerta a nuevas ideas y hallazgos. 

La prensa también habla de que esto aclara el origen del universo. Vuelve a ser una exageración. Lo que podemos decir es que el descubrimiento aporta elementos para entender mejor la historia del universo, pero todavía quedan muchas incógnitas.

Espero que el correo, si habéis tenido la paciencia de leerlo (en menos de cuarenta y ocho años), os haya sido útil.

Salud, feliz verano.»

En un libro de historia poscontemporánea editado en Catalunya en abril de 2114, he podido leer que hay quien considera que en la extinta sociedad de principios del s. XXI aparecieron unas corrientes intelectuales que calaron profundamente en la sociedad civil. Estos movimientos intelectuales tenían la particularidad respecto a otras corrientes anteriores que se podían solapar. Es decir, eran tan verticales en cuanto a concepción y dogma que había quien podía profesar varias de estas líneas de pensamiento al mismo tiempo, ya que no se anulaban, sino al contrario. Parece ser, según el autor, que estos comportamientos, con una manifestación sintomática más evidente o más ligera, estaban muy arraigados en la sociedad de la época.

De estas corrientes filosóficas, el autor señala tres como las más extendidas: El burriquismo, el quejismo y el inperspectivismo.

El primero, el burriquismo, es un movimiento conceptualmente muy sencillo, probablemente por ello tuvo tantos seguidores. Sintéticamente, el burriquismo se basa en sustituir parte de la propia personalidad para adaptar una más sencilla y que pertenece a un “Común”. Esta tendencia adoptó formas exteriores de todo tipo, y se cree que tuvo sus orígenes en el nazismo alemán de mediados del s. XX. Esta tendencia adoptó formas exteriores de todo tipo, desde los inicios más militarizados, hasta desembocar en la más popular, una estética que combinaba los colores azul y grana (una especie de rojo sin intensidad). Y, como pasa en todos los movimientos de masas, había unos individuos visibles que actuaban como referentes (dos de los más conocidos se desarrollaron en Barcelona, aunque uno había nacido en Argentina y el otro en un pueblo de la Catalunya central) y otros individuos, que el autor llama “poderes fácticos”, dirigían la corriente de forma sectaria y en beneficio de sus propios intereses.

El burriquismo obligó a muchos políticos a acercarse a este movimiento si querían conseguir el favor del pueblo (hay que recordar que en los inicios de siglo el régimen político era una Democracia Primaria, donde la gente elegía a sus gobernantes en bloque, con el sistema que llamaban “listas cerradas” y en función de lo que se ha llamado su populismo o campechanía). La gente encontró en este movimiento un contrapeso a sus frustraciones diarias, y se llegó hasta el extremo de que iban por la calle con tan desafortunada combinación cromática, e incluso se liaban a palos contra otras facciones.

El movimiento fue perdiendo intensidad cuando se bipolarizó y, por más que los núcleos de cada uno de los dos polos intentaban sumar adeptos de la periferia a su propia causa, al no existir un sustrato demasiado alineado con los valores de los núcleos (recordemos que originariamente, a parte de los colores, los instigadores del burriquismo completaban su oferta espiritual con la territorialidad, el idioma, el estilo...), la fuerza de la ola perdió empuje. El burriquismo tuvo elementos visibles que ahora nos provocan la más sonora de las carcajadas pero, en aquellos inseguros inicios del s. XXI, eran auténticos dogmas de fe. Está perfectamente documentado el caso en el que todo el pueblo se volcó en un miembro del grupo dominante al que tenían que operar, aunque no habían oído hablar de él nunca, ni tampoco era del lugar (aquí se ve claro el intento de los poderes fácticos de extender el movimiento hacia la periferia con un discurso integrador, tomando un ejemplo extremo).

El burriquismo, pero, como decía el historiador, no fue un movimiento aislado ni, probablemente, uno de los más populares. Coexistió con el quejismo, que era una corriente que se basaba en el concepto bastante curioso de “todo le que a mi me pasa es culpa de los demás” y el inperspectivismo, movimiento más propio de las que habían sido las clases dominantes de la época, y que se basaba en una imposibilidad física de prever hacia donde irían los acontecimientos, a pesar de tener muchas evidencias. Son perlas de aquella época las frases de “Internet es una moda pasajera” o “las redes sociales se extinguirán rápidamente”.

En artículos posteriores desgranaremos mejor estos fenómenos que marcaron un antes y un después en la sociedad del siglo pasado.

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Desde reflexiones personales hasta casos prácticos de management empresarial. Espero que lo encontréis interesante.

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