(O que tienen que ver los maestros y los brokers.)
El número de opositores a plazas públicas está aumentando de una forma considerable. Son miles los que están encerrados en su casa estudiando páginas y páginas de historia, de pedagogía, de matemáticas... para presentarse a los exámenes para ser profesor en la escuela pública (o para ser ‘mosso d’esquadra’, para el caso es lo mismo).
Serán horas de estudio, de sacrificio, de café y de sueño. Serán horas en las que la familia no existirá, serán días de cenar un bocadillo en casa, semanas sin cine y meses sin clase en la academia.
Pero habrá un día, un día glorioso, en el que el opositor conocerá la nota de su examen. Habrá un día en el que podrá leer su nombre en medio de la enorme lista de dignísimos funcionarios públicos. Y ya está... ya se puede relajar. Ya puede pedir una hipoteca, comprometerse para las vacaciones, quemar los libros en la hoguera de San Juan.
Aquí tiene el premio a meses de esfuerzo: el trabajo de por vida y el sueldo asegurado. Es la encarnación del “pelotazo”. Esprint corto, habilidad en el último tramo de carrera y... a disfrutar y a vivir de rentas. Es como el especulador de bolsa, con la diferencia de que éste hace diversas operaciones “pelotazo” en su vida y el opositor sólo hace una.
El concepto es el mismo: un buen esfuerzo, un golpe de cintura y... los dados están tirados. Como mínimo, el especulador juega más partidas y arriesga más (claro que también ganará o perderá más dinero).
Hete aquí que ni de izquierdas ni de derechas, ni funcionarios ni especuladores, todos con la misma pasta pero con diferente corte...

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