El business angel se define como aquel inversor individual que toma participaciones minoritarias de una empresa con el ánimo de ayudar a crear valor y la esperanza de hacer plusvalía a la salida. Las inversiones rondan los 200.000 euros (más menos que más).
Es una fórmula que idealmente está muy bien: un inversor sensato, con un cierto recorrido financiero y algunos contactos interesantes, se suma a un emprendedor que ha tenido una idea o proyecto de negocio brillante. Juntos hacen camino, valorizan la empresa y la preparan o bien para nueves rondas de capital o bien para venderla.
Si la simbiosis es hipotéticamente maravillosa, ¿por qué se hacen tan pocas?
Vamos a ver la práctica: una persona que tiene o ha hecho dinero se plantea la posibilidad de abrirse a nuevos y emocionantes campos, se autoproclama business angel y empieza a recibir proyectos muy dispares. Las primeras reuniones con los emprendedores rápidamente lo desinflan: no entiende un ápice de lo que le explican y los business plans están mal hechos.
El emprendedor también se decepciona rápidamente: ¡con lo buena que es su idea y los papeles que pide este inversor para pone “cuatro duros”! Dos, tres entrevistas, máximo y... noviazgo roto. Volver a empezar...
Cuando el inversor ya ha visto cinco proyectos se toma un tiempo de descanso. Ninguna de las inversiones que ha visto justifica que se juegue aquella cantidad de dinero. Cada entrevista que hace, cada plan que estudia es coste y, por lo tanto, más rentabilidad exigida a lo que tendría que ser el proyecto “final”. Y es que quien tiene 150.000 euros para poner en el proyecto de otro y arriesgarse a perderlos es una persona que gana muchos y, en consecuencia, su tiempo es valiosísimo.
Dentro de este sector están los curiosos, los dubitativos y los inversores de verdad. Los primeros, los curiosos, no tienen ni los 150.000 y, si los tuviesen, seguro que no los pondrían en manos de otros. Los dubitativos tienen muchos, pero les da mucho miedo perderlos. Miran centenares de proyectos y, al final, no hacen nada. Finalmente están los inversores “de verdad”. Se mueven por intuición, por feeling con los emprendedores. Son rápidos invirtiendo porque no revisan tanto papeleo. Son amantes del riesgo y aceptan que perder dinero forma parte de su trabajo.
Si queremos ser business angels, tenemos que aprender a perder. Si queremos ser emprendedores, tenemos que aprender a seducir.

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