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La gestión de la pime o el colapso de las organizaciones

Una empresa nace alrededor de uno o diversos emprendedores. Éste (o éstos) normalmente son “especialistas técnicos”, es decir, saben de informática, de biotecnología o de ropa. Pero ninguno acostumbra a ser especialista en gestión de empresa. Esta falta de conocimiento de gestión se suple por el esfuerzo y el ensayo-error. A pesar de ello, si la superioridad técnica del emprendedor o su habilidad comercial no son muy evidentes, la empresa irá más hacia la desaparición que hacia el éxito, ya que la gestión hecha por un emprendedor no docto más que sumar, resta.

La gestión de empresa se compone de cuatro grandes áreas:

  • a) La estratégica
  • b) La económico-financiera
  • c) La de gestión de personas
  • d) La de procesos

Para desarrollar bien la primera, la estratégica, tienes que mirarte el mundo con humildad y ver hacia donde van los tiros. Hay que pensar que tus competidores no siempre van errados, y que lo que ha pasado antes puede indicarte lo que pasará mañana.

Para una buena gestión económico-financiera, lo primero que tienes que saber es cuánto necesitarás y para qué. Y después tendrás que entender que el dinero es miedoso y que si tú, que te conoces, no te dejarías dinero (hay quién no quiere avalar por miedo a perder su patrimonio), los demás tampoco. Por cierto, los bancos son un negocio como el tuyo o el mío, no son ONG.

La gestión de personas es quizás la parte más complicada. Y lo es porque quien más quien menos piensa que sabe, y no hay nada peor que edificar sobre los fundamentos de la ignorancia, que en un sentido amplio no es no saber una cosa, sino saber muchas equivocadas. Recordemos que la empresa es del empresario, no de los trabajadores y, por ello, la implicación en el proyecto de estos últimos es la que es.

Por último, pero no menos importante, hay que saber cómo se presta el servicio o se produce el producto. Esto incluiría desde la captación del pedido del cliente al cobro de la factura. Los procesos son siempre susceptibles de ser mejorados. Y no un poco, no, ¡muchísimo! Recuerdo un chiste gráfico en el que se veían dos humanos primitivos delante de una cueva, y uno le decía al otro:

– Hemos descubierto el fuego, trabajamos la piedra de sílex y curtimos nuestra ropa. ¿Tú crees que es el final del hombre tecnológico?

A veces creo que somos como aquellos trogloditas. Sólo hace 150 años que somos industriales y ya creemos que lo sabemos todo.

Pues bien, esta falta no sólo de conocimiento técnico de gestión, sino de curiosidad por saber cómo se gestiona es lo que lleva a las empresas al colapso. La curiosidad nace con la incertidumbre, y no puede haber incertidumbre cuando uno cree que posee la verdad divina.

Las empresas aguantan poco en el mercado (la media es de 30 años, pero la mitad no pasa del año 5). Seguramente aguantan tan poco a causa del exceso de soberbia de sus empresarios-emprendedores, que piensan que el conocimiento de gestión es un arte menor que se aprende en el día a día y que es demasiado evidente como para reflexionar sobre él.

Aníbal ganó en Cannae cuando los romanos lo doblaban en número gracias a planificar cuidadosamente la batalla y no caer en la soberbia de su largo historial victorioso. Desgraciadamente para él, Publio Cornelio Escipión aprendió de su rival e hizo suya Carthago Nova. Cosas del benchmarking...

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