¿Dónde está el problema?
Jordi Mercader
Estas vacaciones he aprovechado para leer un libro de Jordi Graupera, Converses amb Xavier Sala-i-Martín, donde el insigne economista, catedrático de la Universidad de Columbia, da su punto de vista, siempre lúcido y a menudo transgresor, sobre diferentes temas de actualidad: el Barça, la pobreza en África, la desertización del campo catalán, las relaciones con España...
Sala-i-Martín es un liberal convencido, y sus planteamientos no nos dejan indiferentes. De todo lo que comenta, me gustaría centrarme en dos ideas fundamentales que pueden ser representativas de la amplitud y de la profundidad de sus reflexiones: el sector público y el campo catalán.
En relación al primer punto, Sala-i-Martín critica duramente el exceso de intervencionismo del sector público, al que tilda de ineficiente y ineficaz. Considera que el sector público se tenía que limitar a la protección a los desfavorecidos y a garantizar la justicia en las relaciones entre los administrados, velando siempre por la igualdad de oportunidades. No está nada de acuerdo con el sistema de contratación laboral que utiliza la Administración pública, ya que cree que hace perder competitividad a la función pública. Para ilustrarlo, pone un ejemplo esperpéntico pero muy claro:
Imaginad, dice, que el Barça fuese como la Administración pública. La contratación de jugadores sería por concurso, es a decir, el Barça colgaría su oferta laboral ("se necesita defensa central", por ejemplo) y quien quisiera podría optar a la plaza haciendo unos exámenes evaluados por otros jugadores, los cuales “opositaron” en su momento, y hasta algún directivo del Madrid. El exámen sería evidentemente teórico (p.e. ¿Cómo se para a un jugador que corre por el centro del campo con la pelota controlada y que está a 5 metros y 13 centímetros del defensa?). Otros aspectos, como “sentir los colores”, la capacidad de trabajo o el liderazgo para impulsar un equipo cuando vienen magras no se evaluarían. Una vez dentro, el jugador cobraría en una banda salarial fija y promocionaría por año que hace que está. Si se deja la piel para hacer bien su trabajo, cobra igual, y si se duerme... ¡pues también!
Siguiendo el ejemplo, cuando este defensa central comenzase a bajar su rendimiento, porqué se ha hecho grande, porqué está aburrido o por cualquier otra cosa, el entrenador no lo podría echar. ¡Lo único que podría hacer es contratar otro defensa central para que jugase a su lado! No hace falta decir que no iría nadie a ver un equipo tan esperpéntico, que jugaría en la 5ª división regional. Entonces, dado que no habría ingresos por taquilla ni por publicidad, se tendría que obligar a todos los barceloninos a pagar un impuesto (o una taxa) para seguir manteniendo a toda la trupe...
Vamos a ver el campo catalán. Pero hagámoslo sin romanticismo, sólo con el pragmatismo que la economía nos da. La primera pregunta es: ¿Cuántos payeses y ganaderos hay?, la segunda: ¿qué reciben de subvenciones? y la tercera: ¿por qué es tan cara la cesta de la compra?
Vamos por partes. Payeses y ganaderos, hay muy pocos, y reciben aproximadamente 20 veces más de lo que recibe un ciudadano de Sabadell. Entonces... ¿por qué no nadan en la abundancia, si reciben subvenciones y al mismo tiempo un litro de leche es tan caro? La respuesta es clara: ni son competitivos ni son buenos gestores.
¿Hay alternativa? ¡Claro! O lo hacen bien, se asocian, hacen buenos productos y se quedan al margen de la distribución, o nos dejan comprar la leche a África y las avellanas a Turquía. ¡El dinero público no ataca la raíz del problema, sino que tapa las consecuencias! Mal vamos cuando los únicos argumentos son tan subjetivos como el romanticismo...
Ya he dicho antes que Sala-i-Martín es un liberal radical. Hay mucha gente que no apoya sus argumentos, porqué también hay mucha gente que recibe más que no el esfuerzo que hace (¡esfuerzo enfocado a resultados, no esfuerzo por esfuerzo!). Claro que Xavier se ha ido fuera a ganarse el pan, porqué aquí sería políticamente incorrecto y quizás acabaría arrinconado en una plaza de profesor auxiliar de teoría económica de una universidad de segunda.
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