Oriol Amat
Hace ya muchos años que los expertos en prospectiva amenazaban que cuando China despertase de su letargo, el mundo occidental sufriría. Pues bién, China ya ha despertado.
Hay quien cree que un producto hecho en China es sinónimo de producto barato, pero de mala calidad. Barato es obvio. De la mala calidad, cada vez será menos cierto. Hace cincuenta años, los productos japoneses eran conocidos por su mala calidad. Se pusieron las pilas, y apostaron firmemente por la calidad total, con políticas que les han dado excelentes resultados, com el cero defectos, el just in time o los círculos de calidad. De esta manera, las empresas japonesas conquistaron los mercados mundiales, primero de los relojes y calculadoras, y después de muchos otros sectores, como los equipos de aire acondicionado o el automóbil.
Con China está pasando lo mismo, pero a una escala mucho más importante. Para hacernos una idea de lo que puede suceder, hay que recordar que el año pasado se graduaron en China más de 800.000 ingenieros, y que las principales multinacionales están estableciendo sus centros de Investigación y Desarrollo. Con estos ingredientes, no es difícil preveer que pronto la mejor calidad vendrá de China, y además a precios imposibles de igualar por las empresas europeas. No se puede competir en costes con los trabajadores chinos, dispuestos a trabajar muchas más horas a cambio de salarios insignificantes, comparados con los que hay en Europa.
I mientras, en Europa, la constitución no acaba de arrancar y el desencanto del sueño europeo se está escampando. Falta la unión necesaria para diseñar y implantar estrategias que puedan hacer frente al despertar de los chinos. Pero si a nivel macro las cosas pintan mal, a nivel de las personas las cosas aún pintan peor. La cultura del esfuerzo es inexistente en buena parte de nuestra juventud. Diversos estudios ponen de manifiesto que los jóvenes están demasiado mimados y falta espíritu emprendedor. Muchos de los que ya no son tan jóvenes están pensando en cómo jubilarse, aunque justo acaben de hacer los cincuenta años. Es decir, parece que los recursos humanos con los que tenemos que tirar adelante están más por disfrutar de la vida, cosa por otro lado comprensible, que no por superar las dificultades que se nos presenten. En algunos círculos hasta se apunta que, por primera vez en muchas generaciones, en un futuro inmediato nuestros hijos vivirán peor que nosotros. Está claro que no podremos competir en costes, pero ebtonces lo tendremos que hacer con ideas, en diseño o en marcas. Y eso no se consigue con una buena parte de la población pensando en la próxima partida de golf o en cómo trabajar menos.
Ahora que China ha despertado, los que nos hemos dormido somos los europeos.
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