Davant la convulsa situació del mercat immobiliari i del clima de desànim que regna en el sector, m’agradaria proposar-vos, senyors constructors i promotors, un parell d’alternatives que potser podrien resoldre la situació.

Abans de dir-vos-les, anem a veure perquè no es venen pisos. Hi ha dos tipus de perfils que compren pisos (o almenys que els compraven): els que ho fan (o ho feien) per gaudir del bé i els que ho fan (o ho feien) per especular. Comencem pels primers, els que volen anar-hi a viure.

Analitzem primer si hi ha demanda. La gent necessita vivenda? Podem entendre que sí, oi? La gent es vol emancipar, hi ha creixement poblacional, la renda per càpita encara pot aguantar compres a preu raonable... Aleshores, per què no compren? Doncs probablement molts estan ajornant la seva decisió, ja que pensen que el preu de la vivenda encara pot baixar més i, és clar, comprar car no li agrada a ningú.

Ara va la primera de les “solucions”. Una parella vol comprar un pis, però té por que en baixi el preu. Les pors, en el mercat, es cobreixen amb assegurances, oi? Doncs imaginem a aquesta parella a què un promotor vol vendre un pis. Encarreguen una taxació oficial i els el taxa, posem per cas, en 300.000 euros. El banc els donarà, si hi ha renda que ho aguanti, el 80% del valor, és a dir, 240.000 euros. La resta haurà de sortir de l’estalvi de la parella. Per cobrir la por de la depreciació (que només es produirà si hi ha una segona transacció) es podria contractar una assegurança pel valor hipotètic de la depreciació (com si fos una assegurança de tipus de canvi). Si la parella ven el pis, per exemple, al cap de quatre anys, es torna a fer la taxació i s’executa l’assegurança pel diferencial (en el cas que el preu sigui més baix, és clar). Si hi afegeixes que la tinença mitjana d’un pis és de disset anys, veurem que la probabilitat que s’executi l’assegurança és baixa. Això, combinat amb que és poc probable que el preu dels pisos caigui any rere any, faria que el cost de l’assegurança no fos massa alt (en tot cas, molt més baix que aquests descomptes que alguns desesperats proposen!).

Anem al segon cas, l’inversor especulador. Aquest no té clar on posar els diners a hores d’ara. La Borsa no fa bona pinta i posar-ho en matèries primeres sembla “espai reservat” als iniciats... Suposem, altre cop, el pis de 300.000 euros de valor de taxació. Suposem una rendibilitat acceptable del 7% anual més la hipotètica plusvàlua. Què passaria si el promotor es comprometés a pagar a “l’especulador” (no m’agrada el nom, però està molt generalitzat) aquest 7% periodificat mensualment i ho garantís durant cinc anys amb un aval a un any “que corregués”? El cost per al promotor és baixíssim i disposaria dels fons de la transacció. Això es podria “sofisticar” més encarregant al promotor la gestió del lloguer de l’immoble adquirit, i partir-se el diferencial del guany (preu de lloguer menys rendiment al 7%), així incorporaria l’opció “efecte empresarial” (obtenir un alt rendiment) a l’operació.

És clar que caldria baixar al detall. També és clar que no tothom ho entén i que cal una feina addicional per part del promotor, companyies d’assegurances i bancs, però... potser val la pena de provar-ho, no?

Estic obert a crítiques!

 
 

Acabo de recibir correspondencia del Banco. Son malas noticias, el fondo de pensiones donde cada mes durante los últimos años he ido poniendo dinero ya ha caído un 4,06% en el acumulado de los últimos 12 meses, lo que, sumado a la inflacción (que no recuerdo exactamente cuánto es, pero debe rondar sobre el 3,5%) significa que he perdido, de mis ahorros, 7,5 puntos.

Paralelamente, recibo otra comunicación del mismo Banco donde me dice la barbaridad que han ganado el primer trimestre del año (más de un 12% que el año anterior).

Entonces pienso: esta gente gana dinero gestionando el de los demás. La primera parte (la que tendría que ser consecuencia) sale de lo más bien. La segunda, la de gestionar el dinero de otros (la causa), lo hacen muy mal.

Qué tipo de relación causa-consecuencia, ¿verdad?

Llamo inmediatamente al Banco. Le digo al solícito director que el plan de pensiones, que tiene no sé cuantos diplomas (se vé que cada año se autootorgan uno), está a los niveles de junio de 2006, y le pregunto si los que gestionan los fondos tienen la primaria acabada o se les resiste la tabla del ocho.

El director, estupefacto con mi pregunta (¿quizás se cuestionaba cómo me he enterado?), me dice “son cosas que pasan”, “la bolsa está muy mal” y “ahora es el momento de aguantar” (definitiva esta última frase: ¡con 12 meses no han tenido suficente para enderezar la situación!).

Me dice también que tiene un producto mejor (¡ahora me lo dice!) y que podríamos hacer el traspaso. Ahora el estupefacto soy yo, y le pregunto si para septiembre se calcula que los gestores ya habrán aprobado la primaria. El hombre no cuelga ni por casualidad: está bien formado y acostumbrado a recibir, supongo.

Finalmente le pido educadamente que me devuelva las comisiones de gestión del fondo y las de custodia. La primera argumentando que lo han hecho mal y la segunda solicitud se la hago porqué mala custodia han hecho, que se le han escapado unos cuantos euros.

El director me dice, amablemente, que eso no es posible. Que la comisión se carga “automáticamente” (tétrico adverbio) y que ¡ni el mismo presidente (sic) lo puede hacer!

Finalmente doy la batalla por perdida (como todos, supongo), cancelo mi aportación periódica y opto por ser yo quien probará a perder menos dinero en la famosa “gestión” de los fondos de pensiones.

Ya es curioso, ya, que un Banco gane dinero y sus clientes pierdan... ¿Curioso o ley de vida?

 
 

Según un estudio publicado por la Fundación Ortega y Gasset, en España, entre los años 2003 y 2007 se han deslocalizado 340 empresas, con una pérdida aproximada de 60.000 puestos de trabajo de sectores tradicionales como el calzado, el textil o las TIC. De estos 60.000 puestos, 25.954, casi la mitad, son en Cataluña. El segundo puesto en el ranking lo ocupa Valencia, con cerca de 5.500.

Parece que esto de la industria no es una prioritad para el Gobierno. Incluso parece que no está demasiado bien eso de producir aquí, que si no aprovechas los “excelentes” precios de China o de Vietnam estás perdiendo el tiempo.

Lo que nos va son los servicios y el turismo. Aquí, como pez en el agua.

No pretendo hacer una discusión política sobre el hecho. Ni tan sólo apelaré al asunto tan gastado del abuso que hacemos de los pobres orientales (no lo digo jo, que conste!). De hecho, voy a intentar hacer una aproximación económica que defiende nuestra industria, la de aquí.

Lo haré con un ejemplo textil que, desgraciadamente, conozco bastante bien: la producción de camisetas de marca.

Vamos a “deconstruir” (gracias, Ferran, por la palabrota) el precio:

Una camiseta de éstas se vende en la tienda por 30 euros. La tienda la compra al distribuidor por 14 (más o menos). El distribuidor la compra al productor por 11. El productor, entonces, puede decidir hacerla aquí a un coste aproximado de 5 euros o hacerla en China por 2.5. Es decir, que haciéndolo en la República Popular multiplicamos por 10 y aquí “sólo” por 6...

Añadimos que el ‘time to market’ (que no es nada más que el tiempo que tardas desde que lo encargas hasta que lo tienes): en un sitio es de 4 meses y en el otro 4 semanas (aquí)...

Dado que el tiempo está loco y que la moda es una cosa efímera, ¿queréis decir que no es muy arriesgado y inmovilizas demasiado dinero haciendo larguísimas producciones tan lejos del consumidor?

¿Queréis decir que no estamos aprovechando un aspecto conyuntural más que no un aspecto estratégico? ¿Tiene sentido, económicamente hablando, estò que muchos están haciendo?

A ver si pasará como en la construcción, que los últimos años los que no teníamos grandes inversiones en tocho nos sentíamos más cortos que el resto, viendo como el obrero no instruido había bajado de la furgoneta para subirse al Mercedes sin pasar por el Toledo?

Señores fabricantes, modernicen sus instalaciones par acortar los periodos de fabricación, par hacer más evidente su ventaja estratégica. Dispóganse a hacer series cortas, porqué no todos querrán ir vestidos igual, y aguanten la acometida, no hay mal que cien años dure! Y una última cosa, piensen que el mejor Mercedes será el próximo...

 
 

Permitidme que esta vez escriba un artículo con cierto acento político. No es costumbre mía opinar abiertamente de temas que vayan más allá de la estricta realidad empresarial, por aquello de no herir susceptibilidades, pero esta vez me permitiré la licencia de hacer un breve análisis, quizás tendencioso, de la realidad que en estos momentos está viviendo nuestro país.

Que estamos inmersos en una grave crisis no es ningún secreto para ninguno de vosotros, por más que nuestros dirigentes (los de cerca y los de lejos) lo nieguen más de tres veces.

No sólo ha caido la construcción y con ella las promotoras y los intermediarios (Llanera, Astroc, Expofincas...), sino que los datos que nos llegan del consumo interno son preocupantes: caída del 40% en la demanda de electrodomésticos, caída del 25% en la venta de coches (la industria de la automoción ocupa en Cataluña 1 de cada 10 personas que trabaja), caída de las exportaciones...

A todo esto, nuestra Administración nos promete que impulsará medidas para paliar la crisis, pero yo me pregunto, ¿con qué herramientas?

Podríamos afirmar que las tres grandes herramientas de las que dispone un gobierno para hacer frente a situaciones como ésta serían:

  1. Bajada del tipo de interés, para aliviar cargas familiares, fomentar la demanda interna y permitir inversiones que con un tipo alto no son rentables...
  2. Cambio de la paridad euro/dólar para frenar las importaciones y aumentar las exportaciones y la visita de turistas de fuera de Europa.
  3. Creación de ocupación pública.

De las tres, las dos primeras son intocables, porque hemos cedido –voluntariamente!!!– nuestras competencias a un ente supranacional dirigido por unos más ricos que nosotros, que tienen intereses exactamente opuestos!

La tercera, la de crear ocupación pública “artificialmente”, es aterradora y provoca unas consecuencias terribles:

  1. Aumento del número de funcionarios que, para evitar la ociosidad, se pondran a hacer cosas que hasta ahora hacía la empresa privada (con la consecuente pérdida de puestos de trabajo y, sobretodo, de eficiencia que esto comportará).
  2. Aumento de la contratación de obra pública haciendo infraestructuras (eso es bueno), pero a unos costes elevadísimos (imagino que las grandes constructoras “amigas” se están frotando las manos porque a cambio de absorber el excendente laboral podrán incrementar sus precios).

A todo, hay que sumar que nuestra Administración autonómica, pésimamente financiada con unos impuestos transferidos tan sensibles a la construcción como es el de transmisiones patrimoniales, tendrá que buscar donde pueda el dinero para cubrir los 7.500 millones de euros que dejará de ingresar este año. Y, claro, habrá que sacarlos de las unidades productivas vía sanciones a la más pequeña falta, multas (entre ellas, las de tráfico, porque todo acaba yendo al mismo saco) y alguna otra idea genial que, cual señor feudal, se le ocurrirá para financiar su cruzada contra la crisis.

La única que puede cambiar la situación es la banca, la que financia las campañas de toda esta panda de filólogos, anestesistas, funcionarios de carrera... que gobiernan la economía de nuestro país.

¿En qué país se ha visto que las principales empresas sean entidades financieras? ¿Dónde está nuestra industria, la que hacía tejidos, coches, motos y hasta trenes?

Los que mandan son tres tiendas enormes, seis o siete bancos y dos o tres monopolios que ahora dicen que son empresa privada, cuando fuimos todos los que pagamos el cobre que nos llega a las casas para traer la señal telefónica, por poner un ejemplo.

Espero que la banca se dé cuenta de que está matando a la gallina de los huevos de oro y presione a quien haga falta para que las políticas económicas tengan, de una vez por todas, algún sentido.

Si no ponemos remedio inmediatamente, nos convertiremos en un país de funcionarios y camareros (con mucho respeto para los segundos). Y es para temblar. Sólo hay que ver cómo gestionan los bienes públicos donde tienen las competencias: la sanidad, la educación y la justicia, por poner tres ejemplos esperpénticos.

La lucha será inmensa para salir adelante, pero cuanto más difícil es el objetivo más dulce es la victoria.

Ánimos!!!!

 
 

Febrer del 2008: la balança de compte corrent d’Espanya s’ensorra. Les exportacions cauen en picat per una sobreapreciació de l’euro, les importacions no paren d’augmentar perquè cada vegada creiem que tenim més i, per suposat, necessitem més. El turisme, que abans ens aportava bones divises, ara veu com el seu saldo, de mica en mica, va canviant de signe: per als americans venir a Europa és caríssim, per a nosaltres, viatjar als EUA és una oportunitat.

Per acabar-ho d’adobar, els centenars de milers d’immigrants envien milions d’euros guanyats aquí a les seves famílies africanes o sud-americanes. I les nostres multinacionals (?) no són capaces de corregir aquesta tendència repatriant beneficis al nostre país. I ara, què fem? Podem reconèixer ja l’errada de l’euro?

 
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