¿Crisis? ¿Por qué y quién es el responsable?
Permitidme que esta vez escriba un artículo con cierto acento político. No es costumbre mía opinar abiertamente de temas que vayan más allá de la estricta realidad empresarial, por aquello de no herir susceptibilidades, pero esta vez me permitiré la licencia de hacer un breve análisis, quizás tendencioso, de la realidad que en estos momentos está viviendo nuestro país.
Que estamos inmersos en una grave crisis no es ningún secreto para ninguno de vosotros, por más que nuestros dirigentes (los de cerca y los de lejos) lo nieguen más de tres veces.
No sólo ha caido la construcción y con ella las promotoras y los intermediarios (Llanera, Astroc, Expofincas...), sino que los datos que nos llegan del consumo interno son preocupantes: caída del 40% en la demanda de electrodomésticos, caída del 25% en la venta de coches (la industria de la automoción ocupa en Cataluña 1 de cada 10 personas que trabaja), caída de las exportaciones...
A todo esto, nuestra Administración nos promete que impulsará medidas para paliar la crisis, pero yo me pregunto, ¿con qué herramientas?
Podríamos afirmar que las tres grandes herramientas de las que dispone un gobierno para hacer frente a situaciones como ésta serían:
- Bajada del tipo de interés, para aliviar cargas familiares, fomentar la demanda interna y permitir inversiones que con un tipo alto no son rentables...
- Cambio de la paridad euro/dólar para frenar las importaciones y aumentar las exportaciones y la visita de turistas de fuera de Europa.
- Creación de ocupación pública.
De las tres, las dos primeras son intocables, porque hemos cedido –voluntariamente!!!– nuestras competencias a un ente supranacional dirigido por unos más ricos que nosotros, que tienen intereses exactamente opuestos!
La tercera, la de crear ocupación pública “artificialmente”, es aterradora y provoca unas consecuencias terribles:
- Aumento del número de funcionarios que, para evitar la ociosidad, se pondran a hacer cosas que hasta ahora hacía la empresa privada (con la consecuente pérdida de puestos de trabajo y, sobretodo, de eficiencia que esto comportará).
- Aumento de la contratación de obra pública haciendo infraestructuras (eso es bueno), pero a unos costes elevadísimos (imagino que las grandes constructoras “amigas” se están frotando las manos porque a cambio de absorber el excendente laboral podrán incrementar sus precios).
A todo, hay que sumar que nuestra Administración autonómica, pésimamente financiada con unos impuestos transferidos tan sensibles a la construcción como es el de transmisiones patrimoniales, tendrá que buscar donde pueda el dinero para cubrir los 7.500 millones de euros que dejará de ingresar este año. Y, claro, habrá que sacarlos de las unidades productivas vía sanciones a la más pequeña falta, multas (entre ellas, las de tráfico, porque todo acaba yendo al mismo saco) y alguna otra idea genial que, cual señor feudal, se le ocurrirá para financiar su cruzada contra la crisis.
La única que puede cambiar la situación es la banca, la que financia las campañas de toda esta panda de filólogos, anestesistas, funcionarios de carrera... que gobiernan la economía de nuestro país.
¿En qué país se ha visto que las principales empresas sean entidades financieras? ¿Dónde está nuestra industria, la que hacía tejidos, coches, motos y hasta trenes?
Los que mandan son tres tiendas enormes, seis o siete bancos y dos o tres monopolios que ahora dicen que son empresa privada, cuando fuimos todos los que pagamos el cobre que nos llega a las casas para traer la señal telefónica, por poner un ejemplo.
Espero que la banca se dé cuenta de que está matando a la gallina de los huevos de oro y presione a quien haga falta para que las políticas económicas tengan, de una vez por todas, algún sentido.
Si no ponemos remedio inmediatamente, nos convertiremos en un país de funcionarios y camareros (con mucho respeto para los segundos). Y es para temblar. Sólo hay que ver cómo gestionan los bienes públicos donde tienen las competencias: la sanidad, la educación y la justicia, por poner tres ejemplos esperpénticos.
La lucha será inmensa para salir adelante, pero cuanto más difícil es el objetivo más dulce es la victoria.
Ánimos!!!!
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